Reseña: Godzilla

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Por Allan Clúa.

No soy fanático de las películas de monstruos. Tampoco he visto las versiones orientales de ‘Gojira’. Mi única relación previa con Godzilla había sido la versión de Roland Emmerich de 1998 y aquella estuvo cerca de condenar a la especie a permanecer fuera de Hollywood por siempre.

Aún así, esta nueva versión tenía la apariencia de ser un intento de filmar la leyenda desde un punto de vista más centrado, realista y sembrado en el mundo actual, un mundo despreocupado por la naturaleza y paranoico de que el fin de los tiempos está cada vez más cerca.

Godzilla tiene buenas intenciones. Durante los primeros diez o quince minutos de su arranque, el filme parece tener los ingredientes correctos para ser una obra trascendente. Grandes actores, el tono correcto y una gran escena, protagonizada por Bryan Cranston (Breaking Bad) y Juliette Binoche (Caché), enfocada puramente al drama humano que conlleva el ataque de una fuerza sobrenatural.  Tristemente, de buenas intenciones no vive una película y, a partir de aquí, la obra va de bajada permanentemente.

El problema es que el director –Gareth Edwards- nunca sabe por completo qué quiere. Godzilla nunca se compromete de lleno con nada. La película no trata acerca del monstruo, no sabemos de dónde viene ni a dónde va, solamente que es una fuerza más allá de nuestro entendimiento, benigna o maligna, según desde la óptica que se le vea. La película tampoco trata acerca de las víctimas puesto que no hay una exploración real de las repercusiones que un evento así tendría en una persona, o una familia, o un mundo entero. Sabemos que hay muertos, sabemos que todos gritan y lloran, pero no sabemos más que eso. La historia de nuestro heróe es plana, predecible y carece completamente de sentimientos. ¿Hacia dónde está enfocada realmente la historia?

El gran pecado de Godzilla es que supone que nos vamos a asustar o conmover por ver cientos de edificios destruidos y muchos muertos, todos ellos sin cara. Tal vez si el hijo del héroe estuviera verdaderamente en peligro en algún momento, o si la esposa fuera víctima del pandemónium que los monstruos ocasionan, o si nos permitieran ver los actos de bondad y maldad que un acto así provocaría en la raza humana… tal vez Godzilla hubiera sido algo inolvidable. Y la película tiene grandes virtudes; excelentes efectos visuales, algunas secuencias de acción bien realizada y, especialmente, tres tomas subjetivas (vistas desde el punto de vista de uno de los personajes, en primera persona) impresionantes que valen el boleto de entrada. Pero las buenas intenciones no alcanzan y es una pena. Tan bueno que se veía el tráiler…