Reseña: El Planeta de los Simios: Confrontación [8.4]

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Por Quique Ortega

Los remakes o nuevas entradas de películas tan icónicas como El Planeta de los Simios (1968) por lo general les sobra taquilla y les falta calidad. Tim Burton fracasó en el intento en el 2001 y hace tres años nos contaron los orígenes con El Planeta de los Simios: Revolución (qué título tan ridículo) con una película decente pero nada más. Por supuesto, su éxito en taquilla dio inmediatamente el sí para una buena y sorprendente continuación. Saliendo de verla, no paré de pensar en la evolución tan cabrona del “motion capture” y lo que verdaderamente han logrado con esta película.

Diez años después de la revolución de los simios, la mayor parte de la raza humana fue aniquilada por “The Simian Flu”; enfermedad creada a partir de los experimentos con los ya muy evolucionados amigos. A los pocos humanos sobrevivientes, los encontramos viviendo en una zona recluida en la devastada ciudad de San Francisco sufriendo por la escasez de energía y recursos. Los simios, todavía liderados por Caesar (Andy Serkis), se ven amenazados nuevamente, después de años de vivir en paz, por los humanos y su búsqueda de un recurso en particular en el bosque donde habitan. Es aquí cuando inevitablemente chocan los dos mundos y la relación entre ambas especies se ve rodeada por desconfianza y una inexistente pero potencial traición. La tensión que genera esto en el expectador es importante y sin duda me mantuvo preocupado y nervioso durante la mayoría de la película.

El líder de los humanos, Malcolm (Jason Clarke), es un hombre inteligente al igual que Caesar. Su relación es lo que realmente sobresale en la película. Ambos buscan proteger a su familia y buscar la paz entre ambas especies, desarrollando una amistad empática y sincera que conmueve muchísimo. Su constante lucha con las dificultades para ser verdaderos líderes es parte de lo profunda que es la película emocionalmente. Lo interesante de la historia son las causas de la inevitable y violenta confrontación. No vienen del mal criterio de sus protagonistas, sino de envidias, rencores e inmadurez de ambas especies para vivir civilizadamente.

Si fuera un tipo estúpido e ingenuo o un niño, pensaría que los simios son reales. El éxito de la película se deriva de la capacidad de sus creadores para darles verdaderas personalidades. De hecho, para el final de la película, estos personajes en verdad me importaban. Gracias al casi perfeccionado CGI, ya es posible darle el mismo peso de los personajes humanos a los digitales. Fue posible ver largas secuencias con conversaciones e interacciones entre los propios simios a través de las genialidades del “motion capture”.

El guión le hace justicia a cada uno de los personajes dentro del filme y la conclusión te hace inmediatamente ligar tus conclusiones con el histórico final de la película original de 1968. Esperemos mantengan la seriedad y la calidad para la última de la trilogía y así cerrar el círculo de lo que podría ser una gran saga.