Reseña: BOYHOOD [9.2]

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Por Allan Clúa.

Richard Linklater, director de la obra maestra que es la trilogía de Antes del amanecer y otras joyas como Slacker, Waking Life, Bernie, etc. es quizá el director más subestimado de la actualidad. Si bien ha tenido cierto reconocimiento, especialmente en el sector independiente de la industria, la realidad es que es uno de los directores más eficientes, versátiles y propositivos del cine desde los noventas hasta la actualidad.

Hace 13 años, Linklater empezó a filmar Boyhood (o Boyhood: Momentos de una vida, para las salas mexicanas). Una vez al año, durante 13 años, se reunía con el mismo reparto de actores durante un par de semanas y filmaba una nueva parte de su película.

La historia se centra alrededor de un niño desde que tiene 6 años hasta que tiene 18, dejándonos ver el desarrollo de su personalidad formada por la separación de sus padres, su relación con su hermana, las parejas de su madre y las circunstancias de la vida.

Las circunstancias de la vida, de eso trata la película. Este filme nunca pretende simplificar la naturaleza humana; nunca tiene la arrogancia o el reduccionismo para decir “un niño es así porque le pasó esto”. Más bien, Linklater nos lleva a ser testigos de una vida, con sus subidas y bajadas, éxitos y frustraciones y bajo la verdad absoluta de que siempre, la vida debe seguir.

Las actuaciones son excelentes (Ethan Hawke y Patricia Arquette interpretan a los padres), la dirección es sencilla pero efectiva -el sello de Linklater siempre ha sido su falta de presencia y egocentrismo para dirigir- y el guión es sumamente sencillo, su única función es ayudar a que la historia fluya.

El gran mérito de Boyhood es la nostalgia que la envuelve. De pronto, cuando pareciera que no ocurre nada, suceden momentos que nos regresan a los recuerdos más simples de nuestra infancia. Es muy posible tener una reacción emotiva cuando, constantemente, sientes que estás viendo algo que a ti te sucedió, o que tu viviste. En lo personal, la relación con la hermana es algo que llegó a las memorias más recónditas y fundamentales de mi niñez.

Quizá, mi única protesta con Boyhood es que, por momentos, es demasiado sencilla. Creo que Linklater pudo haber hecho una de las películas más significativas e importantes de la historia y se quedó a medias. Tal vez pudo haber aspirado a un poco más, debió haber ido por todo y no lo hizo.

Aún así, Boyhood es una de las mejores películas del 2013 y permanecerá como un referente de alguien que tuvo una idea brillante, la ejecutó con paciencia y maestría y nos la regaló para recordarnos que la vida no es más que una serie de momentos que llegan y se van en un abrir y cerrar de ojos.