Reseña: MAD MAX: FURY ROAD [10]

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Por Quique Ortega

Revivir franquicias con más de 30 años de antigüedad nunca ha sido una apuesta segura y por lo general todo resulta en un fiasco. Sólo con el ejemplo de Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull y esa infame secuencia con Shia Labeouf columpiándose cual Tarzán en la jungla,  o aquel ridículo alienígena y su ovni al final del filme, es suficiente para demostrar, que aunque los mismos creadores estén detrás de la secuela, es difícil recapturar la esencia y los elementos que hicieron grandes películas a las originales. Pareció como si  Steven Spielberg y George Lucas decidieron burlarse de nosotros y de paso escupirle al legado de filmes que llevamos con tanto cariño en el corazón. Dicho esto, ahora le tocó a George Miller, que después de 30 años de su gran trilogía de Mad Max, que terminó con Beyond Thunderdome (1985), nos regala la cuarta película en la franquicia. ¿Fiasco? Por supuesto que no. Estamos ante una de las grandes películas de acción de la historia del cine.

Tom Hardy reemplaza a Mel Gibson como Max Rockatansky, el mismo héroe solitario en un mundo desértico y desolado donde lo único que importa es sobrevivir a toda costa. En una increíble secuencia inicial, Max es capturado y encarcelado en una ciudadela gobernada por el físicamente asqueroso psicópata llamado Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne) y su perturbante culto de seguidores llamados “War Boys”, dispuestos a morir y renacer bajo los ojos de su amo. Nuevamente por bizarras circunstancias, Mad Max queda involucrado en medio de un terrible conflicto y es forzado a unir fuerzas con Imperator Furiosa (Charlize Theron), después de que esta última se rebela y escapa con un preciadísimo cargamento en su imponente camión de guerra. De ahí en adelante, la película se vuelve una interminable, emocionante y excitante persecución que te mantiene con la adrenalina a tope.

Esta película es una clase sobre el verdadero uso de efectos prácticos para crear brillantes secuencias de acción y no las orgías de efectos generados por computadora (CGI) que vemos hoy en día en cualquier filme de acción. La ejecución es perfecta, las secuencias impactan verdaderamente, son rápidas e hiperactivas, el “stuntwork” es impresionante y la música intensifica absolutamente todo.

El mundo de Mad Max es único. George Miller ha creado un increíble, loco y demente futuro postapocalíptico donde nada de la demencia que vemos necesita explicación. Mad Max enmascarado y atado al frente de un coche de guerra a toda velocidad sirviéndole literalmente al conductor como bolsa de sangre. ¿WTF?

Lo increíble es que la trama no se repite y a pesar de que estas películas se basan completamente en grandes persecuciones a bordo de numerosos vehículos, todas ocurren dentro de un contexto diferente donde esta vez las apuestas son altísimas. El diálogo entre los personajes es mínimo pero curiosamente son profundos y con personalidades marcadísimas. A Mad Max ya lo conocemos como un tipo de pocas palabras con su atuendo de cuero, muy vulnerable por momentos pero heroico y “partemadres” a la hora de la verdad. Y que puedo decir de Furiosa, la gran heroína con la mitad de la cara pintada con grasa y un brazo mecánico, guiada por un ideal claro y una mirada que conmueve. Una gran pareja, ambos luchando de la mano por mantener la cordura en un mundo que parece ser una verdadera pesadilla.

17 años tardó George Miller para completar esta película. El papel inicialmente era para Mel Gibson que regresaría como el protagonista, pero ante sus problemas personales e innumerables problemas en la producción, el filme se retrasó y se retrasó hasta que el papel le cayó a Tom Hardy. Road Warrior (Mad Max 2) es de mis 5 películas favoritas de todos los tiempos y pensé que ninguna secuela iba a superar la grandeza de la secuencia final, a pesar de que se filmó en 1981. Bueno pues ésta lo logró. Indescriptible su grandeza. ¡¡¡¡Quiero más MAD MAX!!!