Reseña: Tomorrowland

  

Por Allan Clúa.

Quizá cuando era niño hubiera disfrutado más de Tomorrowland, una película bien hecha y con hermosos detalles pero víctima de los tiempos actuales.

“Tomorrowland” es un lugar que existe en el futuro y al cual solo gente privilegiada y merecedora tiene acceso. La forma de acceder a esta utopía es viajando en el tiempo, en caso de haber sido seleccionado. Frank Walker es un rebelde expulsado hace tiempo de este lugar mientras que Casey Newton es una chica que busca desesperadamente entrar al mismo. El planeta Tierra está a punto de extinguirse y ambos deben llegar a Tomorrowland para, a su vez, poder salvar al mundo. 

La historia es redonda y sencilla, los ritmos están bien manejados, los efectos especiales son excelentes y las actuaciones son eficientes. Ella es interpretada por Britt Robertson, la próxima gran apuesta de Hollywood, y él por George Clooney, carismático como siempre pero haciendo el menor esfuerzo posible. Como cualquier producción de Disney, todos los elementos son pulcros y de alta calidad.

Y, sin embargo, la película es bastante mediocre. Me parece que el primer problema es que el filme no hace ningún esfuerzo por ganarse al público. El director, Brad Bird (Los Increíbles), pretende que uno caiga rendido ante la película desde el primer minuto, sin realmente trabajar una conexión con la gente, desarrollar a sus personajes o generar credibilidad alguna dentro de su ficticia historia. 

Tomorrowland está completamente desconectada del público actual. Los diálogos son terriblemente ingenuos e infantiles. La película tiene buenas intenciones y el noble deseo de mandar un lindo mensaje, pero la gente necesita de un producto mucho más refinado y conectado a la realidad para sentirse identificado.

Tal vez la culpa no es del filme; quizá el problema somos nosotros que nos hemos vuelto mucho más pesimistas y cínicos. No obstante, el error es de Disney, que llevó a cabo una película que pareciera que fue escrita y dirigida en 1985. Los tiempos han cambiado.