Reseña: Mundo Jurásico

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POR ESTA OCASIÓN COMPARTIREMOS LA OPINIÓN DE CADA UNO DE LOS 2 ESCRITORES EN ESTE BLOG Y SU FORMA DIFERENTE DE VER EL CINE: ALLAN Y QUIQUE

¿CON CUÁL SE QUEDAN?

POR QUIQUE ORTEGA [8.5]

Hace ya 23 años que Steven Spielberg nos entregó una de las películas más icónicas de la historia del cine: Jurassic Park. Superar lo hecho por Spielberg en la original es difícil. Él mismo fracasó con su secuela de 1997 (The Lost World) y por supuesto esa terrible tercera parte en el 2001. ¿Lo lograron esta vez? Vamos a ver.

La secuela nos muestra por fin el visionario parque temático hecho realidad del fallecido John Hammond. Sí, aquel viejito de blanco con bastón y sombrero que decía: “Welcome to Jurassic Park”. El lugar, ubicado en Isla Nublar (la misma isla de la original), es visitado por miles de personas al día con la oportunidad de interactuar constantemente con los dinosaurios. El problema es que para los turistas, ver a un dinosaurio se ha vuelto lo equivalente a ver un hipopótamo. Claire (Bryce Dallas) es la ejecutiva encargada de la administración del parque preocupada por la potencial pérdida de ingresos que esto podría significar. ¿La estrategia a seguir? Crear al Indominus Rex. Un híbrido con las características de todo dinosaurio existente; más inteligente, más agresivo, más grande, con más dientes y, por supuesto, con más hambre. En verdad esta gente no aprende. El que sí aprende y todo lo sabe es Owen Grady (Chris Pratt), el clásico héroe ex militar con la impresionante capacidad de controlar a cuatro raptors. Y claro, él es el único con la suficiente inteligencia para reconocer el peligro que se avecina y el único capaz, al igual que el gran Dr. Ian Malcolm (Jeff Goldblum) en la original, de advertirle a todo el mundo que no se debe jugar con el orden natural de las cosas. Obviamente, el terrorífico dinosaurio escapa y comienza a matar por deporte.

El reto para los creadores era justificar de manera convincente el hecho de contar prácticamente la misma historia. No había otra forma más que partir con la existencia del famoso parque temático operando al 100% como una atracción turística. A final de cuentas, es lo que todos queríamos ver. De ahí en adelante incorporaron aspectos nuevos e interesantes como el papel que juegan los raptors en la historia. Owen Grady es capaz de controlarlos, algo que parecía ridículo en los trailers, pero ya dentro del contexto de la película, está poca madre. La mejor secuencia de acción involucra a Grady en su moto, rodeado de sus 4 raptors, mientras recorren a toda velocidad la selva con el solo fin de detener al I-Rex. Wow.

El enfoque del filme va más sobre la acción que el terror de la original. En lo personal prefiero lo segundo, ya que la experiencia es mucho más íntima con los personajes y soy amante de dicho género.  En algunos momentos logran conjugar ambas cosas de buena manera, pero las increíbles secuencias de acción terminan imponiéndose. Por lo general, los dinos siempre estan en movimiento y hay pocos momentos donde nos podemos detener a observar su majestuosidad. Quiero creer que esta es la razón por la cual no usaron animatronics (dinosaurios reales hechos a escala). Combinar el CGI con efectos prácticos fue algo importantísimo en el filme original, pero lamentablemente no hicieron uso de este recurso.

Tristemente el gran Vincent D’Onofrio (Daredevil de Netflix) como el villano Hoskins sobra y se siente forzado la mayoría del tiempo. Los personajes son bastante esterotipados y los diálogos son tontos pero bastante graciosos. La relación entre Owen Grady y Claire es excelente, sobretodo en sus momentos más íntimos como los dos héroes capaces de darse un besuco mientras los dinos les quieren arrancar la cabeza. Parece que Chris Pratt literalmente se está preparando para ser el nuevo Indiana Jones, que bien lo hace.

Finalmente quiero mencionar el tributo que se le rinde a la original. No solo es el escuchar nuevamente la majestuosa música de John Williams, sino el volver a visitar antiguas locaciones, además de las pequeñas y breves referencias a lo largo de la película. Uno de sus triunfos es estar  bien conectada con la original y hacerla ver como una secuela directa.

Como lo dicen en la película, los dinosaurios ya no impresionan a la gente. Ese también es un mensaje para nosotros. En 1993 ninguna película había podido lograr tanto realismo al crear dinosaurios en la pantalla y fue verdaderamente impactante. Ahora hay tantas películas estelarizadas por bestias gigantes que una secuela de Jurassic Park parece algo insignificante. Ya hay poco lugar para impresionar al espectador, pero si para mostrarnos nuevas ideas dentro de algo que ya nos es muy familiar. Ahí radica el éxito de esta película. Ahora sí que…”Welcome to Jurassic World”.

POR ALLAN CLÚA [7.5]

El mayor lastre que tienen las secuelas es que siempre serán comparadas a sus antecesoras. El mayor beneficio que pudo tener Jurassic World fueron los más de 20 años que pasaron entre la obra maestra que fue la original y esta nueva versión.

Al ser comparada con la segunda y tercera parte, Jurassic World es una joya; cuando la ponemos al lado de la primera, no sale tan bien librada.

Debo reconocer que los primeros 15 o 20 minutos de la proyección estuve considerando salirme de la sala; el inicio me parece terriblemente convencional, soso, con un pésimo CGI y unos diálogos más artificiales que los mismos efectos especiales que menciono.

No obstante, una vez que se liberan los dinosaurios se libera, también, el potencial de la película. Cada escena de suspenso, acción y persecución está estupendamente realizada. Cada vez que el director nos lleva a la aventura, lo hace con éxito; cuando se trata de diálogos o desarrollo de personajes, la película falla de fea forma. En su mayoría, los dinosaurios me parecieron mejores actores que los humanos -aún cuando el carisma de Chris Pratt es innegable-.

Jurassic World es un filme entretenido, una experiencia cinematográfica a la antigua y una honrosa secuela, pero da coraje que con un poco más hubiera estado a la par de la original. Quizá esta fue la primera vez que salí de un cine pensando: ojalá hubiera habido más acción y menos personajes.