Reseña: IntensaMente

 
Por Allan Clúa.

 Generalmente, cuando el público opina acerca de una película lo hace en base a otras del mismo tipo. Es decir, una película de acción es buena o mala comparada a otras de acción, una película “palomera” es buena o mala comparada a otras “palomeras”, una película “de arte” (género inexistente) es buena o mala comparada a otras similares, y así… En 1995, Pixar se presentó ante el mundo con la obra maestra Toy Story y, a partir de ahí, dejaron una cosa muy en claro: Pixar no hace buenas películas de animación, Pixar simplemente hace buenas películas.

   Quizá la mayor virtud de Pixar es que le pone el mismo interés –si no es que más- al público adulto que al infantil. La mayoría de sus historias son representaciones de temas mucho más grandes y complejos de los que un niño pudiera llegar a captar. Sería increíble que, algún día, los creativos de Pixar decidieran hacer una película animada exclusiva para adultos – tradición ya muy arraigada en el cine Oriental- haciendo a un lado el interés comercial al que han sido sometidos por la cultura norteamericana y, más específicamente, por Disney.

   IntensaMente es lo más cerca que Pixar ha llegado a esta idea de animación para adultos. Si bien es, evidentemente, una película para toda la familia, los momentos más emotivos y nostálgicos del filme resonarán únicamente en el público que tenga cierta edad y cierto bagaje de una vida recorrida. El director, Pete Docter, ya nos había entregado los que, a mi parecer, son los mejores 5 minutos en la historia de Pixar: la secuencial inicial de Up. Este tipo claramente está interesado en contar historias mucho más emotivamente complejas de lo que estamos acostumbrados en las “caricaturas”. Cada concepto que presenta IntensaMente tiene una carga intelectual y sentimental digna de verse más de una vez.

   ¿La historia? Una niña de 11 años vive días sumamente complicados cuando su familia se ve forzada a mudarse de ciudad y empezar de nuevo. La historia la conocemos a través de 5 personajes que habitan dentro de su cabeza, cada uno representando una emoción distinta (Alegría, Temor, Desagrado, Furia y Tristeza). 

   La constante lucha interna de nuestras emociones, la afectación que tienen nuestros alrededores en nuestra percepción de la vida, el peso que tienen en nuestra conducta los recuerdos más profundos y la transformación que tienen esos mismos recuerdos en nuestra mente con el paso de los años, son solo algunos temas que toca Pixar en esta ocasión.

   Quizá mi única crítica es que, ocasionalmente, la película recurre a algunos pasajes cómicos con el único afán de mantener entretenidos a los más pequeños sin tener mayor relevancia en la historia. Me hubiera encantado que la película se apegara de lleno a su lado más profundo y se despreocupara de “entretener”; un producto inteligente y bien hecho es ya, por sí solo, sumamente entretenido. Pero no hay otra forma de ponerlo, esta es una gran película. Inteligente a más no poder y conmovedora hasta lo más profundo; esta película, hay que verla.