Reseña: Misión Imposible: Nación Secreta [8.3]

 Por Allan Clúa.

No importa lo que escriba en esta crítica, ustedes ya saben si van a ir a ver o no Misión Imposible. Películas como estas tienen un mercado determinado -a juzgar por el dinero que genera, muy muy amplio- y tienen un solo fin: entretener. ¿Logra su cometido? Sí, y con creces.
En Los Hijos del Cine somos adoradores del Sr. Cruise. Tipo talentoso, agradable, atractivo (la neta) y arriesgado. Quizá mi único reclamo a su carrera es que hace tiempo no lo vemos en un papel más serio. Pareciera que es una tendencia en los actores de Hollywood, llegan a un punto en el que deciden que ha llegado el momento de divertirse y cobrar bien, nada más. Pero todo se le perdona, mientras nos siga entreteniendo.

Esta vez, Ethan Hunt debe pelear contra El Sindicato (gran nombre para una organización villana). El Sindicato es una organización anti-IMF (impossible mission force) formada por distintos ex-agentes que, dados por muertos o desaparecidos, abandonaron su país y se unieron a este grupo malvado. Los medios y el fin no son importantes, lo importante es que son malos y son muchos.

La trama nunca ha tenido mayor relevancia en estas películas, lo importante es justificar peleas, persecuciones y secuencias originales. De mi parte, no hay reclamo. La virtud que tiene Misión Imposible: Nación Secreta es que está compuesta de los elementos correctos. Tiene a un grupo de excelentes actores encabezados por Maestro Cruise. Mención honorífica para Rebecca Ferguson, en el papel de Ilsa Faust. Creo que nunca había visto a una mujer tan fuerte, hábil, inteligente e independiente en una película de acción (y guapísima, obviamente). También emplea a uno de los mejores fotógrafos del mundo, Robert Elswit y a un excelente grupo de producción encabezado por Cruise y J.J. Abrams. La tarea del director, Christopher McQuarrie, es no echar todo a perder, nada más.

McQuarrie, quien lleva una buena trayectoria como guionista y empieza a establecerse como director, hace un buen trabajo. Su dirección es ágil y rítmica, pero nunca abusa. Permite que las escenas de acción se luzcan por si mismas, sin tener que estar haciendo cortes como un loco endemoniado. Lo mejor de su trabajo, a mi parecer, es que a lo largo del filme nos remonta a la cinematografía de los 50´s y 60´s, cuando nació la serie en la que se basa esta saga. Desde el vestuario, la iluminación, los encuadres y las locaciones, todo el tiempo está latente ese estilo de la vieja guardia, sin ser descarado. Reconocimiento especial al uso de las notas de Turandot, ópera de Puccini, a lo largo del filme; no cualquiera podría hacer eso y verse bien.

Misión Imposible:Nación Secreta no es la mejor de las cinco que lleva la saga; para mí, la ganadora indiscutible sigue siendo la tercera -gracias, especialmente, al difunto Seymour Hoffman-. Pero quizá es la segunda o tercer mejor de ellas. Algunos podrán sentir la duración un poco larga, yo me pude haber quedado media hora más. ¿Palomera y exagerada? Mucho. ¿Entretenida? Todavía más. Bien ahí, Tom.